Marruecos 2014 (4ª parte… y última)

Me despido en la ciudad de Alnif de Jaume y Fernando y tomo la carretera de Uarzazate. Son 240 kms de carreteras muy solitarias, sin apenas tráfico ni poblaciones… Impone un poco de temor esta sensación de soledad. Parece un escenario de una de esas películas apocalípticas, pero me lo tomé con calma y haciendo muchas paradas.

Aconsejo pinchar en las fotos para verlas en grande y poder apreciar detalles.

¡Sidi-Ifni! ¡Uff, qué antiguo suena! Cuando yo hice la mili era uno de los destinos que te podía tocar.

¡Vaya! ya empiezan a tener problemas de aparcamiento.

El viaje va lento y fotografiando los paisajes que veo interesantes. Estando aquí parado pasó una excursión de no menos de 30 motos BMW. Terminé con agujetas en el sobaco de tanto saludar.

Y buscando paisajes bonitos, me detengo ante este cañón…

… y ante este otro. Increíble el poder erosionador del agua.

Y a veces te encuentras agradables sorpresas…

… como en este pueblo que parecía que me esperaban.

Y por ese detalle de haber grabado mi nombre en el pretil, me paré a comer ahí. Comí algo que todavía no sé qué era pero debía de ser bueno porque atraía a muchas moscas. Afortunadamente me sació el hambre sin ocasionar problemas intestinales. Cuando salí, el termómetro de la moto marcaba 47 º, si bien es cierto que ésta estaba al sol.

En esa aldea vi algo curioso, pero ocurrió tan rápido que no tuve tiempo de desenvainar la cámara de fotos para inmortalizarlo. Había unos ocho o diez niños (no más de diez años) esperando por el autobús escolar y, cuando éste llegó, en vez de meterse en el interior se fueron todos para la baca. Las medidas de seguridad son inexistentes y llegar a viejo es un acto de fortuna. 

Llego a Uarzazate y lo primero que me encuentro es la Kashba. Muy bien cuidada.

La ciudad es moderna, con amplias avenidas y semáforos en los que algunos coches se detienen cuando tienen la luz en rojo. Algo es algo.

Antes de emprender este viaje leí muchas crónicas sobre Marruecos y a veces te haces una idea equivocada del país. Por ejemplo, leí mucho sobre lo corrupta que es la policía con los extranjeros, y me encontré con una policía amable y respetuosa. Cuento esto porque al llegar a Uarzazate busqué sin éxito el hotel de la cadena europea Ibis, coincidiendo que pasé tres veces por la misma rotonda. Un policía se percató de que estaba perdido y me paró para preguntarme qué buscaba. Él se subió a una Docker (moto china muy extendida por Marruecos) y me guió hasta el hotel. Parecía que iba escoltado como un corrupto político español en visita oficial. Le ofrecí dinero por tan buen servicio y se negó a aceptarlo.

No me alojé en el Ibis porque el precio me pareció muy caro incluso para España. Este otro no estaba mal y me cobraron una tercera parte de lo que me pedían en el de la cadena francesa. Por 200 dirhams (unos 19 euros) dormí, desayuné y me hice unos largos en esta piscina.

Uarzazate es famosa por ser el Hollywood africano. Aquí están los estudios cinematográficos mayores de África. Estas son algunas de las películas que aquí se han filmado:

Lawrence de Arabia (1962), Jesús de Nazareth (1977), La joya del Nilo (1985), 007: alta tensión (1987), La última tentación de Cristo (1988), La momia (1999), Gladiator (2000), Alejandro Magno (2004), Asterix y Obelix: misión Cleopatra (2002), Babel (2006), etc.

No es la parrilla de salida del Dakar. Pero es bonito ver que ya se piensa en el ocio de los niños.

Me llamó la atención que muchos bares usan bolsas de frutas como adorno. Supongo que estarán a la venta.

En esta ciudad me hice un “selfie” y fue cuando me di cuenta que estaba más quemado que un cirio en Fátima. Mi aspecto empezaba a ser preocupante.

De Uarzazate salgo temprano dirección El Kelaa M´gouna.

El Kelaa M´gouna es el punto neurálgico de El valle de las rosas. El cultivo de rosas es la principal fuente de ingresos de esta zona y de ello es testigo las rotondas que todas están adornadas con esculturas similares a la de la foto.

Aquí no me detuve y seguí hacia Boulmane Dades. Mi idea era ir a ver las garganta del Dades y después la del Todra. Tenía que desviarme 35 kms y después retroceder, por lo que opté por seguir ruta y visitar sólo la del Todra, ya que esta tiene más fama.

Me paro a orillas del Dades y mientras bebo agua del Camel Back aprovecho para  fotografiar a las lavanderas.

. .

Seguí la ruta y en un puesto de carretera paré a comprar agua… ¡y me ofrecieron chocolate! Al principio dudé si hacía bien o mal en comprar chocolate marroquí, pero al final me animé.

Y llegué a la conclusión de que no compensa bajar a Marruecos a por chocolate. Está casi al mismo precio que en el Carrefour. Eso sí, me supo a gloria. Hasta el nombre es bonito: Chocolate Maruja.

Para acceder a la Garganta del Todra hay que llegar al bonito pueblo de Tinerhirr. Parece un decorado de adobe rodeado por un palmeral.

. . .

Y al fin llego a la famosa Garganta del Todra. Es una garganta profunda (ji ji ji), pero me ha decepcionado.

Para acceder hay que pagar 5 dirhams (50 céntimos). No es mucho, pero es presagio de que hay turismo.

Y efectivamente. El lugar mágico se había convertido en un parque temático. Autobuses y furgonetas llegados de todo Marruecos se atragantaban en la garganta.

Hasta hay un hotel en pleno cauce del río. No quiero imaginarme cómo se accederá cuando el río baje con caudal. Yo no dormiría tranquilo.

 

La garganta no es muy larga, calculo que no más de 400 metros. Esta foto es ya a la salida. Creo que he visto más japoneses en este pequeño trayecto que en todo Tokio.

Y de aquí me fui a dormir a Er Rachidia. Y como ya me había habituado al lujo marroquí, me busqué un hotel con piscina. El mejor de la ciudad. Y en un correctísimo árabe le pregunté a un muchacho:

-Please, the best hotel in town?

-Yes, sir. Please, follow me.

Y hasta el hotel Kenzi llegué persiguiendo una Docker. Fue el más caro que pagué durante todo el viaje: 400 dirhams (unos 38 euros)

Después de cenar me di una vuelta por la ciudad y, como siempre, encantado con la amabilidad de la gente.

Me levanté temprano y puse la proa de la moto hacia Midelt, ciudad en la que había quedado con Jaume y Fernando.

Aquí estoy yo consultando mi GPS analógico bajo la atenta mirada de la inglesa.

Como iba sobrado de tiempo, hice lo que unos días antes había renegado: meterme por pistas. Ya tenía mono. Pero cada vez que apretaba el embrague para cambiar de marcha la moto se me calaba por lo que se hacía complicado e incómodo ir por la tierra. Así que la incursión fue corta y pronto volví al asfalto.

Yendo hacia Midelt vi una construcción al lado de la carretera y pensé que era una tienda. Paré a comprar agua.

Resultó ser la “vivienda” de un matrimonio con dos hijos. Una vez más me quedé asombrado con la hospitalidad marroquí. Terminé tomando un té con ellos mientras me enseñaban su hogar. 

No se puede ser más amable y hospitalario con tan poca cosa. Te ofrecen todo lo que tienen. Me dieron una botella de agua, que yo amablemente acepté. Les ofrecí dinero y también me lo negaron. Al alejarme de allí, hice un feo: tiré el agua. Pero es que tenía claro desde el principio que sólo bebería agua embotellada. Con las diarreas no se juega.

Llegué a Midelt a la hora de la comida. Me siento a comer un pollo frito con patatas y moscas, entretanto, planifico la tarde con una excursión a unas minas de fósiles que hay a unos quince kilómetros de la ciudad. Había quedado con Jaume y Fernando al atardecer. Mientras comía se me acercaron dos chicos jóvenes y me anuncian que en una gasolinera cercana había dos motos españolas. Supuse que eran ellos, pagué rápidamente, dejé a las moscas sin postre ni café, y hasta allí me fui. Efectivamente, allí estaban con cara de bastante cansados.

Buscamos un hotel, nos duchamos y fuimos a recorrer la bulliciosa medina de Midelt. Cuando iba subiendo a la habitación (un tercer piso sin ascensor) creí que me estaba mareando, pues me sentía torpe y no pisaba el suelo con seguridad. Hasta que me di cuenta que yo estaba perfectamente, no así la escalera que cada peldaño tenía una altura diferente. 

Entre tanto caos y desorden, te encuentras detalles estéticos, como esta torre de aceitunas. 

A la mañana siguiente salimos hacia Tánger. Embarcábamos a las 20.00 horas y teníamos por delante 500 kms marroquíes que equivalen a unos 800 españoles. 

Si hay algo que no me gusta, son las fronteras. Y las de África menos que ninguna. La mala información, los gorrillas a quitarte dinero por unos papeles que necesitas y que debieran ser gratis, la pinta de chulos de los aduaneros, la lentitud de los trámites… Reconozco que toda esa burocracia absurda, farragosa y chapucera me pone de muy mal humor. Y máxime cuando ya has finalizado los trámites, suspiras, te subes triunfador a la moto y descubres que tienes la rueda delantera pinchada. Este es el país de los pinchazos. Pues así va hasta España, no la pienso arreglar. Jaume y Fernando van delante, yo despacito arrastrando los pies para no caerme, me pierdo en aquel gigantesco puerto, alguien me indica un barco que no es, cuando voy a subir la moto me dicen que ese barco no es el mío, vuelta para atrás… uff, fueron momentos de muchos nervios y enfados. Pero como hay tanto desorden, todo funciona bien. El barco que salía a las 20.00 horas, afortunadamente salió a las 23.00 y tuve tiempo de cogerlo. ¡Desde las 17.30 que habíamos llegado a la frontera! Jaume subió en otro barco y no tuve tiempo de despedirme, Fernando nervioso esperando por mí en otra dársena. Hasta que me vi dentro no conseguí relajarme. 

FINAL: YA EN CASA

Resumiendo.

La falta de agua, el miedo a una avería, o a una lesión, el calor, el no saber por dónde iba, la visión de la película Babel unos días antes… todo eso me asustó y quizás me hizo ver el desierto más peligroso y grande de lo que era. Pero si vuelvo será con una moto de enduro. A mi querida Triumph no le vuelvo a dar esa paliza. 

LA MOTO:

Ya en Vigo, llevé la Tiger al concesionario. Me la enchufó al ordenador y en 20 segundos la moto iba como el primer día. Mi pregunta es… si saben que esa avería de desajustarse la centralita electrónica ocurre (a dos amigos les ha pasado lo mismo), ¿por qué no nos dan una aplicación para el móvil que solucione esos problemas y no te amarguen un viaje? 

RECUERDOS:

De Marruecos me traería los paisajes y un par de dunas, el resto del desierto se lo dejo para los camellos. Me traería la amabilidad, la hospitalidad y la alegría de los niños de los pueblos y aldeas; dejaría a los gorrillas pesados de las grandes ciudades y del puerto. Me traería ese desparpajo que tienen los chavales de las más remotas aldeas que cuando les dices que eres de Vigo te dicen los puntos que lleva el Celta en la liga; no me traería las pocas medidas de seguridad de ver a los niños pequeños jugar de noche en la carretera. Me traería esos burritos pequeños que hacen labores tan pesadas y son tan simpáticos; no me traería las moscas. Y desde luego, lo que no me traería es la falta de higiene que abunda en todos los aspectos de la vida, especialmente en la comida; sin embargo sí me traería la atención, educación y respeto con que te atienden en los restaurantes y bares. 

Y ahora os dejo un vídeo:

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8 pensamientos en “Marruecos 2014 (4ª parte… y última)

  1. Me lo has dejado claro, por si no lo tenía ya. No iré a Marruecos con mi Tigresa 😀

    Se te ha notado muy quemado de este viaje. Bueno, ya ha pasado. Ahora descansa y a buscar proyectos más acordes con las realidades.

    • Vamos a ver, Maicro. Todo depende de lo que te quieras complicar la vida. En asfalto, en pistas duras, en pedregales… ahí va bien. En lo que no fui capaz de pillarle la tracción fue en arena blanda y me enterraba con mucha facilidad. Pero yo también tuve la culpa. No suelo beber mucho, pero descubrí que cuando necesito agua, la necesito de verdad. Y todo está relacionado: cuando uno pierde las fuerzas, la moto pierde tracción.
      No obstante sigo diciendo que es una moto muy equilibrada para todo tipo de viajes de aventura. Después de venir de Marruecos la llevé al concesionario a reparar los daños, pues bien, era imposible que la moto respondiera correctamente pues el filtro del aire estaba totalmente tupido y, según me dijo el mecánico, le había entrado polvillo en los sensores¿?, por eso me falló constantemente.
      Insisto, la moto es ideal para esto, pero lo que no se le puede pedir es que sea una Gran Turismo en asfalto y una enduro en el desierto.

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