Marruecos 3ª parte.

Como decía en la entrada anterior, llegamos de noche a Merzouga y nos fuimos directos a un hotel que Jaume y Fernando ya conocían: Kashba Touareg. 

Aunque es de adobe, el hotel es muy amplio y confortable.

Tras el hotel se levanta esta gran duna de 150 metros.

Merzouga se encuentra a las puertas del desierto de Erg Chebbi y es un pueblo que vive del turismo de aventura. Hay muchos hoteles para acoger las motos y todoterrenos que suelen venir de todos los rincones de Europa.

Desayunamos, echamos gasolina y sin mucho preámbulo ya nos introducimos en los bancos de arena. 

Llevábamos poco tiempo sobre las motos pero ya se intuía que no iba a ser un día fácil.

 Arena y más arena bajo nuestros pies y mucho sol sobre nuestras cabezas.

Cuando ya nos creíamos más intrépidos que Lawrence de Arabia, aparece este chico que nos enseñó su “Corte Inglés”. Hablaba un español tan correcto y con un vocabulario tan rico, que fácilmente se podría llevar el Rosco de Pasapalabra. Con su gracia, desparpajo y habilidad, consiguió vendernos alguna de sus chucherías.

Mientras nosotros sufríamos para rodar cinco metros seguidos sin caernos de la moto, él se movía por las dunas como si tuviera asfalto bajo sus ruedas con esta humilde Mobilette.

Alguna caravana de camellos nos hemos encontrado.

Jaume y Fernando “discutiendo” por dónde ir. Cada moto apunta una dirección diferente.

Y aquí estoy yo posando con mi “querida”. La verdad es que sin la cúpula y con las ruedas de tacos tiene aspecto de mosquito malvado.

Cuando me encuentro con un pueblecito de adobe perdido en la nada, me pregunto, ¿Cómo vivirá esta gente? ¿cómo será su ocio? ¿qué harán para divertirse? 

Cuando el calor ya apretaba con ganas, nos encontramos a un grupo de motoristas franceses. Uno de ellos había sufrido un accidente y estaban cargando su moto en el camión de apoyo. Nos dieron dos botellas de agua ¡y qué falta nos hicieron!

Qué valiosa puede llegar a ser una sombra en el desierto.

Yo creí que era un espejismo, pero fue real. El surrealismo en su expresión más avanzada. En el desierto una cadena con un militar pidiendo los pasaportes.

Jaume espera pacientemente por los “trámites aduaneros”.

A mí el calor ya me empezaba a afectar. Este pozo en un oasis me sirvió de improvisada ducha.

Por la tarde me quedé sin agua para beber y la moto también necesitaba agua para refrigerarse. Fue un momento duro en el que me flaquearon las fuerzas y avanzar un par de metros se me hacía muy complicado. Sudé mucho y me deshidraté casi por completo. La moto también lo pasó mal y a partir de ahí empezó a fallar. Perdió fuerza y se apagaba al bajar de 3000 rpm. Éramos dos moribundos a merced de la arena y el sol.

Con bastante cansancio llegamos a la gasolinera de Merzouga, el que fuera punto de partida de la jornada. Fueron 120 kms que a mí se me hicieron eternos. Al llegar a la gasolinera comprobamos que Jaume llevaba pinchada la rueda delantera. Mientras la arreglaban yo me bebí una botella de litro y medio de agua, un Red Bull y comí un par de Donuts para empezar a ser persona.

Volvimos al hotel del que nos habíamos despedido por la mañana, pero es que ya no había muchas fuerzas para continuar el viaje. Mientras estaba tan a gusto bañándome en la piscina, me costaba creer que dos horas antes lo estuviera pasando tan mal. Infierno y paraíso juntos de la mano.

En el “parking” del hotel, nuestras motos compartían estancia con estos otros vehículos.


Casi todos los hoteles de Merzouga tienen camellos para hacer excursiones por las dunas.

Madrugamos y salimos pronto de Merzouga. Y pronto tuvimos el primer percance.

  La reparación del día anterior no fue tan buena como nos creímos. Yo también creí que mi moto funcionaría bien al día siguiente del calentón, pero siguió dándome problemas.

Estaba cerca Rissani y hasta allí nos fuimos en busca de una gasolinera para inflar bien el neumático. Esta es la puerta de acceso a la ciudad.

A partir de aquí fue una jornada de todo desierto. 200 kms por un inmenso arenal que se me hizo eterno.

Me llamó la atención esta muralla, pero no encontré ningún dato en Internet para informar de ella. Si alguien me puede aportar algo interesante sobre su significado y utilidad, que coja el micrófono y hable.

.

Lejanos destinos nos esperan. No podemos perder mucho tiempo.

De vez en cuando te encontrabas alguna construcción, que aunque estuviera abandonada te daba seguridad de que al menos podrías recibir un poco de sombra en caso de necesidad.

Estos burros rebuznaron con desesperación al vernos llegar. Querían agua. Eché el cubo hasta el fondo pero el pozo estaba seco. Con mucho dolor de corazón no pudimos ayudarlos. El desierto es duro.

Fin de la jornada. Fueron 200 kms por un desierto de arena y pedregales y esto agota. Montaje de la tienda y a dormir. Calculamos que la carretera no debe de estar a más de 30 kms. de donde acampamos. 

Esa noche en la tienda pensé mucho. Yo no me encontraba a gusto en ese terreno, no conseguía adaptarme a la arena, iba muy inseguro, estuve muchas veces a punto de caerme, empezaba a hartarme del calor y de las moscas, la moto cada vez iba peor y se me calaba cada vez que cortaba el gas para cambiar de marcha. Sufría por mí y por la moto y estaba ralentizando la marcha de Fernando y Jaume. 

Y esto ya fue la gota que colmó el vaso. La primera vez en mi vida que tengo un pinchazo en una moto.

Llegamos a Alnif y mientras desayunábamos en una cafetería lo expuse: No quiero ser rémora y la ración de arena y polvo ya me llegó. Seguid vosotros con vuestro itinerario previsto que yo voy a poner la moto en “modo turístico”

Y los tres días siguientes me fui solo a recorrer Marruecos y, Fernando y Jaume siguieron los tracks que tenían previsto. Nos volveríamos a encontrar en Midelt, a 500 kms. de Tánger.

Continuará…

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14 pensamientos en “Marruecos 3ª parte.

  1. sabia reflexion, siento que te haya pasado esto.
    coincido con tu amigo la tiger es demasiado pija para estos lares, yo he tenido una y he bajado con otra moto al sahara y realmente las motos que nos venden como “aventuristicas” no lo son realmente.

    agenciate una moto de las antiguas, como tus amigos y seguramente disfrutarás mucho más del “viaje”

    muchos animos !!

    Pd: escribe pronto la siguiente que tengo mucho mono de marruecos otra vez y me sirve para deahogarme jajaja

    • Sí, tienes razón. De hecho estuve buscando una trail ligera para bajar, pero al final opté por ir con la mía. Sufrí más por ella que por mí. Lo tengo claro, si vuelvo a bajar me llevo una moto de enduro.

    • Tienes razón, Joan. De hecho, el resto del viaje me lo hice por carretera y encontré lugares preciosos. Espera a la próxima entrega.

      • Jejeje, te me adelantaste, iba a decir lo de la cárcel portuguesa…Lo tenia en la lista de los sitios que me hubiese gustado visitar, pero en una Harley de 400 kilos ni se me pasó por la cabeza intentarlo
        Viajar fuera de las carreteras tiene de bueno eso, que ves cosas que no están al alcance todos. la carretera tiene otros encantos. lo importante es rodar…
        “Como fuera de casa, en ningún sitio” ;_)
        Los viajes, y la vida te obligan a tomar decisiones. Pues se toman y punto.
        Estupendo viaje, felicidades.

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